Pecados a la carta 08/03/2010 |
Los juegos de azar siempre fueron el gran recurso de los pobres: ya que la paga, o la pensión, da para más, se acude a la diosa Fortuna para que ayude a sobrevivir. Muchos prueban suerte todos los días del año y se mueren sin que les haya tocado ni un céntimo. Un drama, sí señor. Pero el problema es de la ludopatía.
En medio de la tormenta monetaria y económica que nos azota, y que al decir de muchos expertos no hará sino recrudecer el impacto y el alcance de sus golpes en el futuro inmediato, el Papa nos sirve una espléndida carta de nuevos pecados para que entretengamos el estómago moral en tiempos de las vacas flacas.
No deja de ser una curiosa coincidencia que ahora el César nos recorta nuestra capacidad inquisitiva, al representante de Dios en la tierra le preocupe que los cristianos dilapiden sus sueldos y sus ahorros en empresas tan arriesgadas como son los juegos de azar y que, por lo tanto, decida convertirlos en pecado, así como el hecho de no pagar los debidos impuestos.
O acaso lo que pretende vetando los juegos de azar es estimular a sus devotos fieles a que frecuenten menos los lugares horrendos donde se dan cita los ludópatas y, en cambio, acudan más a la iglesia para ponerle cirios a la Virgen, lo cual constituye también, en cierto modo, un juego de azar, ya que uno no siempre obtiene de Santa Rita o San Pancracio, pongamos por caso, aquello que le ha pedido a cambio del módico precio que cuesta un cirio.
Lo que no queda claro es si la ampliación de estos nuevos pecados tendrá carácter retroactivo y así, por consiguiente, la mujer que hace unos meses murió hallándose en un bingo, al atragantarse con un trozo de pepito de lomo que comía cuando iba a cantar bingo, falleció en pecado mortal sin saberlo siquiera.
Tampoco sabemos cómo se las ingeniarán en lo sucesivo los cristianos invidentes, que hasta ahora vendían cupones de lotería para conseguir ganarse la vida honradamente, o cuál será el reciclaje profesional al que deberán someterse los y las videntes, quirománticos, echadores de cartas que no se avengan a vivir en pecado.
Amén de su condena a ludópata, estafadores fiscales, homosexuales y conductores temerarios, el Papa declara en su nuevo catecismo que el asesinato puede no ser pecado y que la guerra en ocasiones es justa. Puesta a duda de todo, incluso cuando la realidad avasalla, a uno le gustaría comentar con cualquier habitante de los que vienen en patera los pecados a la carta.
Autor: Juan Ordóñez Buela
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